El transporte público, además de su deficiente servicio, no ha podido garantizar la seguridad de sus usuarias. Esto lo hace un espacio de poca equidad en la Ciudad de México. 

La violencia sexual física o verbal que sufren las usuarias del transporte público no solo deja daños físicos y psicológicos. También tiene consecuencias monetarias, y de aumento de la desigualdad social. Víctimas de estas conductas, las mujeres reducen sus posibilidades de transportarse seguras dentro de la Ciudad de México.

Además, debido al rol impuesto a las mujeres dentro de la sociedad, la necesidad de transportarse aumenta por el cuidado del hogar (compras, pagos, etc.) y de terceros (hijos, adultos mayores o personas con discapacidad); por lo tanto, sus viajes son más frecuentes y en horarios diversos a las entradas y salidas del trabajo y la escuela, los cuales predominan en la planeación de los servicios de transporte público.

La Encuesta de Origen – Destino realizada por el Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) en 2017, reveló que las mujeres viajan 12% más que los hombres, en horario de 7 a 13 horas.

Para evitar las agresiones, en horario de 7 a 13 horas las mujeres viajan 12% más que los hombres.

Prácticas de transporte que hacen las mujeres para protegerse:


1. Cambiar de ruta constantemente

La tercera parte de los viajes de las mujeres son a pie, 20% más que los hombres. Cambiar de ruta constantemente es una práctica común en el espacio público, aumentando el tiempo que les toma en llegar a sus destinos, o bien optar por medios informales de transporte (como los mototaxis) que les permiten reducir su tiempo de exposición en la calle. 

2. Evitar moverse solas

Una tercera parte de las mujeres optan por alguna de estas opciones: Ir acompañada en el transporte, no salir de noche o muy temprano y no caminar sola en la calle. Esto limita el acceso y la capacidad de viaje de las mujeres, al depender de una tercera persona para poder realizar sus desplazamientos.

3. Evitar el transporte público 

La mayor parte de los incidentes de violencia hacia la mujer suceden en el transporte público, ya sea metro, metrobús, o en las estaciones o lugares de espera. La búsqueda de rutas y alternativas de transporte que garanticen su seguridad, reduce la economía y tiempo de las mujeres para invertir en actividades recreativas, lo que limita su calidad de vida y bienestar. Todos estos factores se suman para hacer que aumente su vulnerabilidad y permanezcan o caigan  en la pobreza y la falta de oportunidades.

La tercera parte de los viajes de las mujeres son a pie. Esto es 20% más que los hombres.

¿Qué hace tan inseguros los viajes en transportes masivos para las mujeres?

Como ya se ha dicho, el acoso sexual es algo que se vive día a día dentro del transporte público, y este se maximiza cuando hay más gente circulando por este medio.

De acuerdo con la Encuesta sobre la Violencia Sexual en el Transporte y otros Espacios Públicos en la Ciudad de México realizada por la ONU Mujeres, que puede verse en el Plan Estratégico de Género y Movilidad, de 3,214 usuarias entrevistadas, el 88.5% habían sido víctimas de este delito. Además, la encuesta arrojó que es en el metro donde se lleva a cabo con más frecuencia este acto, así como con más denuncias registradas. 

Sin embargo, el 84.5% de las víctimas no denunciaron la agresión, pues la desconfianza que generan las autoridades a cargo de levantar los reportes, es una de las principales razones de que no se lleven a cabo. Otro motivo, y el más importante, es que la información para realizar las denuncias no está a la mano de la usuarias. Son las mujeres quienes han generado estrategias para garantizar su propia seguridad. Ante ello, en el mes de marzo del presente año, la Secretaría de Movilidad publicó su Plan Estratégico de Género y Movilidad, donde se busca la creación de un ciudad más equitativa a través de una movilidad segura, digna y accesible para las mujeres. La pregunta es: ¿resolverá realmente el problema?