La movilidad compartida no solo ayuda al medio ambiente. También ayuda a tus bolsillos. Esta nueva forma de movilidad puede ser la solución para ciudades más limpias y competitivas.  

Es verdad que el automóvil fue una gran invención; pero el alarmante crecimiento del parque vehicular ha hecho que algunas personas opten por usar transportes más sencillos y personales como las bicicletas o los patines. Sin embargo, esas opciones de micromovilidad están muy restringidas a ciertas zonas de la enorme mancha urbana de las grandes ciudades. Por dar un ejemplo: las personas que viven en la Zona Metropolitana del Valle de México, pero ya en los municipios del Estado de México, no podrían hacer un trayecto en bicicleta desde su casa hasta su zona de trabajo en la capital, simplemente porque las distancias son enormes. Ya no digamos que no hay la infraestructura, ni la seguridad, ni una oferta de un sistema público de bicicletas.

Por fortuna han surgido nuevos modelos de transporte para largas distancias como trenes, transportes públicos masivos (como el Mexibus) o ¿por qué no?, autos compartidos. 

¿Movilidad compartida qué es y por qué es una gran opción para ciudades del futuro? 
Movilidad compartida

La movilidad compartida consiste en eso: prestar o compartir algún medio de transporte. Esto se ha comenzado a implementar a través del uso de la tecnología con aplicaciones para smartphone, tablet o computadora. Las más conocidas y disruptivas son Uber, DiDi y Cabify. Con ellas, un auto puede servir a cientos de personas.

En México, desde el 2015 han llegado aplicaciones como BUSSI o AllRide. Bussi, por ejemplo, es una app de camionetas compartidas similar al transporte público, pero con las ventajas de que brinda mayor comodidad e incluso conexión a internet. A esta modalidad se le conoce como vanpooling. AllRide es similar, solo que aquí creas una red de amigos con los que puedes compartir el auto, tipo carpooling. Además existen aplicaciones alrededor del mundo con modalidades de carsharing (que consiste en alquilar autos por periodos de tiempo limitado), y también de ride-hailing (que consiste en compartir el auto con otras personas en viajes de larga distancia). De esto hablaremos con más profundidad en nuestro siguiente artículo. 

Decenas de países han decidido implementar programas de bicicletas o patines compartidos.

También las bicicletas y los monopatines se unen a esta nueva estrategia de movilidad, pues también decenas de países han decidido implementar programas de bicicletas o patines compartidos; ya sea por medio de apps o por un sistema de prepago por parte del gobierno. 

El uso del transporte compartido ayuda a bajar el congestionamiento vehicular y, por lo tanto, también las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto ayudaría a sanear el aire de las ciudades y a que ofrecieran mejor calidad de vida. 

No todo el mundo celebra estas innovaciones en movilidad

Estas nuevas formas de movilidad enfrentan el rechazo de cierto sector: los transportistas tradicionales. Esto a pesar de que este tipo de servicios obliga a las empresas de movilidad a ser más competitivas y a ofrecer un mejor servicio, lo que genera a la larga, según Rolan Berger Strategy Consultants, un crecimiento en la economía. 

Que las soluciones en movilidad sean funcionales o disfuncionales, justas o injustas, legales o no, depende de la apertura de los actores que incidan en ellas: los usuarios, los particulares y los gobiernos.

La experta en movilidad Robin Chase, dio a conocer en el Festival Mundial de la Ecomobilidad, en el año 2017 en Kaohsiung, Taiwán, “Los principios de movilidad compartida para ciudades habitables”. En ese documento habla de que para lograr que este modelo de transporte tenga mayor impacto en las ciudades, se deben de implementar nuevas medidas tanto para las organizaciones públicas como personales. Para ella, estos son los 10 principios de movilidad compartida:

  1. Planear las ciudades para la movilidad: esto porque en la forma que están construidas las ciudades determina la forma de moverse de las personas. 
  2. Priorizar a las personas antes que a lo vehículos. 
  3. Apoyar el uso de los transportes compartidos. 
  4. Comprometerse con las partes interesada: involucrar activamente en la toma de decisiones a los usuarios. 
  5. Promover la equidad: que el transporte sea de fácil acceso físico, digital y financiero. 
  6. Incentivar la transición de unidades de cero emisiones y energía renovable. 
  7. Tarifas justas. 
  8. Ofrecer datos en tiempo real de los servicios de transporte. 
  9. Todos los servicios de transporte deben estar planificados. 
  10.  Apoyar a los vehículos autónomos en las áreas urbanas y que sean de uso compartido. 

Las ciudades son entes vivientes que encuentran por sí mismas solución a sus necesidades. Que estas soluciones sean funcionales o disfuncionales, justas o injustas, legales o no, depende de la apertura de los actores que incidan en ellas: los usuarios, los particulares y los gobiernos. Estas propuestas de nueva movilidad abren nuevos desafíos al tiempo que en principio permiten administrar, de modo más eficiente, las innumerables de solicitudes de transporte de la población.